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Fragmento


(...) Alan mostró la ilustración de una ciudad con calles empedradas y carteles en inglés. Era de noche y resultaba algo tenebrosa.

-¿Dónde diríais que es esto?

-Estados Unidos.

-Bien. ¿Reciente?

La clase negó con la cabeza, pero nadie habló.

-¿Qué siglo calculáis? -Silencio. Alan les dio unos segundos, pero nadie contestó-. ¿Quince? ¿Trece? ¿Antes de Cristo?

-¿Dieciocho? -dijo la tímida voz de una chica en primera fila.

-Por ejemplo. Es un poco más tardío, del diecinueve, pero muy bien. ¿Alguien se atreve a decir qué ciudad es?

Nadie contestó.

-Boston. El Boston de principios del diecinueve. Y si alguien es capaz de decirme por qué el Boston del siglo diecinueve es importante en literatura, os tiro cacahuetes.

-¿Allí nació Charles Dickens?

Alan apuntó al chico que acababa de hablar con el dedo y lo sacudió lentamente, la vista fija en la pizarra digital.

-Charles Dickens, nacido en Boston. Ostras. Todos su biógrafos acaban de sufrir un aneurisma. Y algunos llevan cien años muertos -Carcajada general-. Pero has acertado con el siglo, así que te mereces por lo menos la peladura de un cacahuete. ¿Alguien más se atreve?

Nadie habló. Alan pulsó una tecla del ordenador y el daguerrotipo de Edgar Allan Poe llenó la pantalla.

-¿Sabéis quién es este? -No hubo respuesta. Alan no pareció sorprendido-. No me vais a creer, pero es uno de los guionistas de Los Simpson.

Nuevas carcajadas. Alan asintió con la cabeza y pidió silencio con las manos, una sonrisa bailando en su cara.

-Si os digo Edgar Allan Poe, ¿a qué os suena?

-A coñazo -murmuró alguien; la clase rió por lo bajo y miró a Alan, que entrecerró los ojos sin dejar de sonreír.

-Eso me dice que no habéis leído nunca a Poe -dijo. Otra imagen inundó la pantalla: una figura envuelta en un sudario, sin rostro, con un reloj al fondo que marcaba la media noche, todo rodeado de un brillante color rojo. Algunos chicos y chicas alzaron las cejas y sonrieron; un par de ellos miraron confusos a la pizarra-. Algunos críticos dicen que Poe fue el inventor de las historias de terror. Yo no diría tanto como inventor, pero que las borda es cierto. Por no hablar de sus misterios y sus detectives aficionados, esos sí que fueron los primeros de la historia. ¿Qué habría sido de Colombo sin Poe?

-¿Quién?

-Nadie, déjalo -Alan se pasó la mano por la cabeza, atusando su mata de pelo rubio, y sonrió para sí-. Poe descubrió la ciencia ficción, por decirlo así. Sin él no hubiéramos tenido escritores que vinieron luego y se basaron en lo que él ya había escrito, lo que significa que hoy en día no tendríamos historias como La Guerra de las Galaxias, o incluso El Señor de los Anillos.

-Vaya, qué pena -murmuró con sarcasmo una chica en la primera fila; varias personas, entre ellas Alan, la abuchearon.

-También era poeta -continuó-, y aquí es donde entran en juego Los Simpson. ¿Os suena “The Raven”?

La clase negó con la cabeza. Alan cogió un papel y leyó para la clase, con voz pausada y profunda:

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,

While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,

As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.

“ ‘Tis some visiter,” I muttered, “tapping at my chamber door —

Only this, and nothing more.”

Leyó un par de estrofas más y terminó el texto con un sonido que parecía un gemido. Al levantar la vista, vio a varios alumnos inclinados hacia delante en sus sillas, el resto expectante. Alan dejó el papel en la mesa y ocultó una sonrisa. Se puso serio antes de volverse de nuevo a la clase, pero había algo en su mirada que dejaba bien claro que se estaba riendo por dentro. Habló despacio, en un tono bajo y profundo. La clase estaba en completo silencio mientras él paseaba entre las filas de pupitres, la mirada fija en un punto indistinto.

-Imaginaos en casa, de noche, descansando en vuestra habitación, pensando en vuestras cosas. Quizás os estéis acordando de esa chica con la que acabáis de estar, o de ese chico que tanto os gusta -sonrisas, codazos, risas ahogadas-. Puede que os hayan partido el corazón. Puede que hayáis perdido algo que apreciáis mucho. De repente, por la ventana abierta se cuela un ave. No un ave cualquiera, no un gorrión o un canario, sino el ave de mal agüero por excelencia: un cuervo. ¿Sabíais que los cuervos pueden reproducir sonidos? Algo así como los loros, pero en macabro. Y este cuervo que se os ha colado solo sabe decir “nunca más”. Nunca más. Empezáis a preguntarle cosas, y a todo os dice “nunca más”. ¿Ganaremos el campeonato de fútbol? Nunca más. ¿Se me quitará el grano de la nariz? Nunca más. ¿Me llamará? Nunca más. Así, hasta la eternidad -Alan se detuvo al frente de la clase y bajó aún más la voz-. Porque ese cuervo, ese cuervo que no estaba ahí hace diez minutos, es mucho más que un cuervo. Es vuestra conciencia, vuestro pesimismo, vuestro lado más oscuro. Y no saldrá de vuestra habitación. Ya no se irá jamás. No os dejará nunca. Nunca más.

Guardó silencio. La clase estaba inmóvil. De repente, Alan dio una palmada que les hizo saltar a todos en sus asientos. Algunos rieron, otros se dejaron resbalar en la silla y cambiaron rápido el gesto, poniendo cara de aburrimiento. El profesor se giró a su ordenador.

-Y con la clase de hoy doy por empezado el ciclo del Romanticismo, que, como iréis viendo paulatinamente, tiene poco que ver con la palabra romanticismo como la entendemos hoy día. Deberes: vais a leeros el poema “The Raven” y el cuento “The Mask of the Red Death” que os he mandado por email. Subrayad vuestras partes favoritas y buscad el vocabulario que no entendáis, no seáis vagos. Y antes de que os marchéis, y para que veáis que no miento, he aquí el capítulo de Los Simpson escrito por Poe.

Alan apretó una tecla y Bart y Lisa Simpson aparecieron en la pantalla interpretando el poema de Poe. Cuando terminó, al mismo tiempo que sonaba el timbre del final de la hora, la clase aplaudió. (...)


Edgar Allan Poe



Poe es uno de mis autores favoritos. Es una de esas personas que te hacen pensar que no vale la pena escribir nada, porque nada va a ser superior a lo que él escribió, para qué molestarse. Leer sus relatos significa sumergirse en un mundo paralelo a este, donde el terror por el terror y la belleza por la belleza toman el lugar del didactismo y la enseñanza. Poe no daba lecciones de moral, le importaba tres pepinos la moral. Poe buscaba la belleza, y vaya si la encontró.

Hoy se cumplen doscientos años del nacimiento de este genio de la literatura. Doscientos años nos separan del descubrimiento del género de terror, del detectivesco y de la pseudo ciencia ficción. Yo, para celebrarlo y hacerle mi pequeño homenaje, les he pasado una historia suya a los críos, "La Muerte Roja", la misma que me tocó leer el año pasado en la universidad y que consiguió ponerme los pelos de punta. Los críos han sido capaces de seguirla con mi ayuda y algunos han sentido el mismo toque de pánico que sentí yo al leerla (a otros les ha parecido poco gore, querían más). No hace falta ser licenciado en literatura inglesa para apreciar una obra de arte, siempre y cuando se te ofrezcan muletas. He estado buscando el capítulo de Los Simpson en el que aparece la lectura de El Cuervo, pero soy incapaz de encontrarlo. Lo dejaremos para el año que viene.

Me encanta Poe. Me encanta mi clase. Me encanta mi trabajo en aniversarios señalados como este.