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8 de marzo


Hoy conmemoramos el día de ellas. Ellas, las que lucharon para que hoy tengamos derechos que damos por supuestos, pero que hace no tanto eran sueños inalcanzables (como tener derecho a voto, o a un sueldo por el trabajo hecho, o a poder viajar al extranjero sin la firma de tu padre o tu marido). Recordamos a las que murieron en una fábrica, a las que se dejaron las fuerzas levantando países cuando los hombres estaban haciendo la guerra, a las que, por su valentía, hicieron de éste un mundo mejor para las chicas, mujeres, señoras, en el que hay que seguir luchando, sí, pero con otra cara. Y también recuerdo a las que viajan solas aunque viajen acompañadas, a las que sí, señora jueza, cerraron bien las piernas, o quizás eligieron no hacerlo porque la muerte es siempre peor que una violación, y a las que día a día comparten cama con sus verdugos. Hoy es el día internacional de la mujer, del cincuenta por ciento de la población, que aún sigue teniendo un día al año, como si de una minoría se tratara. Hoy es el día de todas. Y, por suerte, se nos van a unir unos cuantos hombres en la celebración. Porque cada vez hay más hombres que entienden que el día de la mujer es el día de todas, y todos.

8 de marzo

Otro año más, otro ocho de marzo más, otro día de la mujer trabajadora más. Recuerdo comentarios, repetidos a lo largo de mi vida, sobre cómo era que las mujeres trabajadoras tenían un día y los hombres no. Hombre, también lo tienen las enfermedades contagiosas, el cáncer de mama y la paz en el mundo. La gente se acuerda de ellos ese día y luego se olvidan el resto del año. Poco menos pasa con la mujer trabajadora.

Leía en un blog, hace no mucho (perdón por no poner el link, pero es que no me acuerdo ni cuál era), que antes las mujeres tenían que ser buenas madres, buenas esposas, buenas hijas, pacientes, inteligentes para entender al marido pero no tanto como para sobrepasarlo, guapas, elegantes y modosas. Ahora, además de todo eso, también tienen que destacar en el trabajo. Ese es exactamente el problema. No quiero que se vea esto como un ataque a los hombres en particular, sino a la sociedad en general, pero es cierto que los hombres no terminan de ocupar el lugar que las mujeres han dejado vacante cuando se han integrado en el mundo laboral. El hogar, los hijos, mantener una familia, es invisible, no luce, no se puede fardar delante de los amigos diciendo "jo, qué bien me ha salido la comida de hoy, han rebañado el plato hasta sacarle brillo", o "vaya bien que se ha portado la chavala en la tienda cuando la he llevado a comprar las zapatillas". Los hombres se aburren de las conversaciones sobre niños, colegio, ropita y dentista. Yo me aburro con esas conversaciones, para qué nos vamos a engañar. Pero es un mundo que existe, y alguien tiene que hacerse cargo de él, porque es fundamental para el crecimiento de la sociedad. Ya estamos viendo el resultado de la integración de la mujer al trabajo: niños de cinco años que pasan más de ocho horas en el colegio porque no hay nadie que les cuide en casa, monstruos integrales porque nadie se hace responsable de sus actos, alcohol, drogas (bueno, esto siempre ha existido, pero ¿no os parece que ahora empiezan antes?). Yo siempre he dicho que la razón de todo esto es la incorporación de la mujer al mundo laboral. La mujer ha ido más rápido que la sociedad. Y digo sociedad, porque hay muchas mujeres que reclaman que el terreno del hogar es suyo, porque estamos acostumbradas a hacer tanto que, total, una cosa más no importa. Pero no damos más de sí. Los hombres tienen que ocupar los huecos que las mujeres vamos dejando. Es fundamental. Entre dos sí se puede, uno solo es imposible.

Así que, feliz día de la mujer trabajadora, a ellos y a ellas. Vivimos en un mundo mejor que hace cincuenta años, pero todavía queda mucho, mucho por hacer. El cambio está en nuestras manos. Lancémonos al futuro.

8 de marzo



Hay gente que no entiende que tengamos un día de la mujer trabajadora. ¿Cuándo es el de los hombres?, oigo decir, sobre todo a mujeres (sí, sobre todo a mujeres). Pobrecitos, a vosotros no os celebra nadie. No se dan cuenta de que los hombres tienen el resto del año, 364 días. O quizás sean cosas mías.

No está todo hecho, ni por asomo. Las mujeres siguen cobrando un treinta por ciento menos que los hombres por el mismo trabajo. Siguen teniendo más difícil el acceso al mundo laboral. Siguen siendo las encargadas de la casa, el trabajo, los niños, el cuidado de personas dependientes... Se ha avanzado, sí, por supuesto, pero no lo suficiente. Todavía no hemos llegado.

Algunas se conforman con lo que tienen. Alguna habrá que lea esto y piense "ésta, ¿de qué se queja?" Pero me quejo. Me quejo por las que no tienen voz, me quejo por las que no pueden quejarse, me quejo por las que no saben que pueden quejarse. Me quejo por las que se conforman. Me quejo por las que me dicen que no me queje tanto. Qué le vamos a hacer, soy una quejica.

Feliz día de la mujer trabajadora. Que no se os olvide nunca que sois las dos cosas, y, ante todo, personas.

8 de marzo

Felicidades a todas las mujeres, porque para mí todas son trabajadoras. Felicidades a las que trabajan dentro y fuera de casa, a las que cuidan enfermos, a las que son solteras, a las que no son madres, a las lesbianas, a las heteros, a las bisexuales, a las que no pueden tener hijos, a las que no los quieren, a las que se cruzan de acera cuando un tío las sigue por la calle, a las que cobran menos que sus compañeros, a las que nunca les dejarán ser jefas, a las empleadas del hogar, a sus jefas y, en general, a toda aquella que se sienta o se crea mujer.

Felicidades, chicas. Y a seguir luchando.

Día internacional de la mujer trabajadora



No me gusta que haya un día internacional de la mujer trabajadora. Me recuerda a esos días que tan de moda se han puesto: día internacional contra el cambio climático, día del cáncer infantil, día del libro, día del escritor, día de la paz... Es como si el resto de los días del año tuviéramos excusa para no pensar en ello, pero ese día hay que tenerlo en mente. No creo que un padre cuyo hijo tenga cáncer olvide el tema 364 días al año. No creo que un escritor se acuerde siquiera de que tiene un día (y mucho menos que le importe). No creo que las mujeres seamos más trabajadoras el ocho de marzo, y menos este año, que cae en domingo. ¿Y lo de trabajadora? ¿Conocéis a alguna mujer que no trabaje?

Lo único bueno que le veo yo a señalar un día para nosotras en el calendario es para tener una excusa y hacer piña. Corporativismo femenino, que ya toca. Nada de esperar a que los compañeros de trabajo nos saquen un café de máquina o traigan pastas a la oficina, no: las pastas las ponemos nosotras, para nosotras y por nosotras. Debemos querernos un poco más las unas a las otras, ser un poco menos arpías, dejar de jugar el juego que nos dictaron los hombres (algunos hombres, no todos, y por suerte la gran mayoría ya extintos) hace miles de años. Nos toca cuidarnos, a nosotras mismas y a las compañeras. Simone de Beauvoir se preguntaba por qué las mujeres blancas se identificaban antes con un hombre blanco que con una mujer negra, cuando ambos hombres tenían siempre el consuelo de que, al menos, estaban por encima de sus mujeres. Siempre les hemos prestado más atención a ellos que a ellas. Competición, supongo, y muchos miles de años tragándonos el cuento de que sin los hombres no éramos nada. Hasta se les hizo creer a las mujeres de la Edad Media que, en un embarazo, su única labor era dar cabida a la semilla del hombre, que se desarrollaba sin ninguna participación femenina. Por eso las herencias eran de hombre a hombre, porque la mujer, en realidad, no tenía hijos, eran solo del macho. Nos fue negada hasta la maternidad. El colmo.

Unámonos, mujeres del mundo, no contra los hombres, sino a favor de nosotras mismas. Apoyémonos más, querámonos más, no nos pongamos zancadillas, que bastante nos pone el mundo ya. Quizás en un futuro el día de la mujer desaparezca porque todos los días serán nuestros, pero no llegaremos a ello si esperamos a que sean ellos los que nos tiendan la mano. Tenemos que ser nosotras las que miremos hacia atrás y demos un tirón a las que nos siguen. Porque entonces, y solo entonces, terminará el machismo, cuando los hombres no puedan meterse con una mujer sin que cientos le salten al cuello. Cuando todas estemos unidas y valoremos lo que realmente es ser mujer.