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¿Crisis? ¿Qué crisis?

El que deja de hacer cosas por falta de dinero, es porque quiere.

Tengo dos amigos (llamémoslos Elvis y Priscilla, por respeto a su anonimato) cuyo sueño ha sido siempre casarse en Las Vegas. Pero claro, la gracia de una boda en Las Vegas es poder llevarte a tus amigos para que lo celebren contigo, y estando las cosas como están eso era poco menos que imposible. Parecía que la unión pecaminosa y libidinosa que habían mantenido durante los último diez años iba a continuar por lo menos otros diez; la crisis, el dólar, el euribor y la santa madre iglesia no hacían más que poner trabas. El viaje a Las Vegas era imposible. ¿Cuál podía ser la solución?

Por supuesto, traer Las Vegas a Vitoria. Más exactamente, al salón de su propia casa.



Así que ahí tenéis a la feliz pareja, rodeados de sus más allegados en una íntima ceremonia en la que aquí la menda (atea a ultranza) se plantó el alzacuellos para casarles como dios manda, en inglés y con subtítulos, que tampoco era cuestión de perder a los invitados. Como en cualquier boda que se precie, hubo banquete, champán, lanzamiento de ramo e intercambio de pelucas, y sobre todo ciego impresionante y resaca de campeonato al día siguiente (dos kilos perdí, ¡dos!). Pero el objetivo está cumplido: Elvis y Priscilla son marido y mujer ante los ojos de su gato y en nombre de La Pasionaria. Ya no van al infierno. Ya pueden pedir pensión de viudedad. Ya pueden lucir el anillo (uno lo lleva en el dedo índice y la otra en el corazón, no hay manera) y decir que es una alianza símbolo de su amor eterno.

Que ya están casados, vamos.

Encefalograma plano

Ya han empezado los exámenes. Mi día se reduce a estudiar, estudiar y estudiar otro poco: de casa a la biblioteca, de la biblioteca a casa, de casa al examen. Así, toda la semana.
Como os imaginaréis, no tengo la cabeza para informaciones serias. La neurona me da lo justo para pasearme por vuestros blogs de puntillas, sin hacer ruido ni dejar comentarios, y absorver informaciones inútiles. Mi cerebro está lleno de oraciones subordinadas sustantivas en posición de complemento de régimen preposicional, poetas metafísicos, pidgins y el renacimiento americano, así que a lo más que llego es a dejar que fotos como esta me llamen la atención:



Por más rebote que tenga porque todo apunta a que se van a cargar uno de mis libros favoritos de la serie (a quién voy a engañar, me gustan todos) dejando fuera la boda de Bill y Fleur, los Gaunt e, incluso, a Trawloney, me muero de ganas por ver esta escena. Dos de mis personajes favoritos en los libros y, con creces, los mejores actores de la película (Tom Felton es el mejor de los "peques", el único que era actor de verdad antes de empezar la serie, y eso se nota).
Pues eso. Que acabo de empezar y ya estoy cansada.
Vuelvo a estudiar.