Mostrando entradas con la etiqueta karma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta karma. Mostrar todas las entradas

Karma

Me gusta mi trabajo. Lo hago a gusto. Lo disfruto casi todos los días y hago lo posible porque se note (porque se nota). Trato de facilitar el trabajo de los que pululan a mi alrededor; soy flexible, no impongo mi santa voluntad, no me molesta hacer favores, me amoldo a lo que me den. Entiendo que mi clase no es mi castillo, sino propiedad del centro y por tanto susceptible de ser utilizada por otras personas. Entiendo que somos una mini sociedad y que no podemos ponernos la zancadilla los unos a los otros o dejar de ayudarnos cuando otros lo necesitan, porque arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. No me niego a nada que entienda que entra dentro de mis capacidades como profesora, siempre que no abusen y que no tenga una razón de peso para no hacerlo (hasta ahora nunca he tenido ninguna). Y eso, al final, trae su recompensa.

Este año, además de mi tutoría en quinto, voy a tener dos horas de inglés a la semana en segundo. La directora me ha preguntado una y otra vez si no me molesta, azoradita perdida, y yo le he asegurado que no, que sé cómo de petado tiene el horario la chica que tendría que hacerlo en mi lugar y sé que yo iba a librar dos horas más que mis compañeras de curso porque no tengo desdobles (no habría sido la que más librara del centro, pero sí de mi curso). Me he dado cuenta de que ha venido a mí como último recurso, porque estaba intentando dejarme esas dos horas extras libres, pero al final le ha sido imposible. A cambio, los viernes me ha dejado un horario que da gloria verlo, con la última hora del día libre (que se agradece mucho). Cuando me he dado cuenta y lo he dicho en voz alta, ella me ha dicho "hombre, alguna pelotilla tendremos que tener, ¿no?"

Karma. Se llama karma. Si tú te esfuerzas por no molestar y ayudar en lo que puedas al prójimo -que, la verdad, la mayor parte de las veces no cuesta tanto-, te pasan cosas buenas. Y sé que es una nimiedad, que en el gran esquema de las cosas es un átomo insignificante, pero a mí me ha hecho sentir apreciada y querer seguir como hasta ahora. Y eso vale su peso en oro.