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Penny Dreadful, o cómo influye el entorno en las historias


Este mes ha empezado por fin la tercera temporada de Penny Dreadful, una extraña serie de terror ambientada en el Londres del siglo diecinueve. No es que la esperara como agua de mayo, ni que sea una fan terrible del género, ni que se haya convertido en mi serie favorita, pero la verdad es que es entretenida y termina enganchando. Que haya pasado un año desde que terminó la segunda temporada a que empezara la tercera también me ha hecho esperarla con más ganas, para qué nos vamos a engañar.

Como digo, la serie está ambientada en el Londres del siglo diecinueve (finales, parece ser, porque acaba de morir Tennyson), y solo podría ser más oscura y lóbrega si estuviera grabada en blanco y negro. Utilizan el imaginario colectivo para pintar una ciudad triste, ruidosa, siempre oscura, con escenarios acordes con el clima (casas enormes donde no hay ni un ápice de luz, paredes pintadas de negro, todo gris, todo triste), y aprovechan semejante entorno para meter demonios, brujas y bichos varios que más de una vez me han hecho dar un brinco. Lo que más me engancha de la serie es el uso que hacen de los monstruos literarios de la época. Desde el principio hemos conocido a Dorian Gray, ese joven que no envejece ni muestra en su aspecto la más mínima pista sobre los pecados y atrocidades que comete; también está Victor Frankestein, con su monstruo, por supuesto (en la serie crea más de uno), y un hombre lobo americano que, la verdad, creo que solo está ahí puesto porque necesitaban un héroe muy masculino y porque, qué demonios, es Josh Hartnett. Esta temporada se han incorporado otros dos mitos: Drácula y el doctor Jekyll, al que caracterizan como un mulato de Calcuta. Solo con los nombres ya imaginas lo que va a pasar en el futuro, y eso le da un toque a la serie que no había visto en ninguna otra.

Y es que la época era propicia para crear monstruos, más aún en Inglaterra. Desde aquel verano que no hizo sol por culpa de una erupción volcánica hasta la contaminación de una ciudades más industrializadas del mundo, Inglaterra era oscura, era inhóspita, triste, con paredes empapadas de ceniza y cielos cubiertos por nubes artificiales, por no hablar de la constante lluvia y esa humedad que se cuela hasta en los huesos. La oscuridad llama a los monstruos, ¿cómo si no iban a aparecer tantos en tan poco tiempo? ¿O es que acaso el gótico salió de la nada? Yo creo que no, que el entorno inspiró a Wilde, Shelley, Stocker y Stevenson. Dicen que el monstruo de Frankenstein surgió de una reunión de amigos en aquel verano sin sol, y estoy convencida de que el resto de los monstruos salió de la desesperación de la oscuridad, del frío, del bajón emocional que nos trae el invierno a los que nos gusta el sol. Porque el entorno condiciona, igual que nos condicionan nuestras experiencias, pensamientos, creencias. Habrá quien consiga librarse de las influencias, por supuesto, pero son unos pocos. Ni los grandes autores y autoras lo consiguen a veces.

Lo dicho: si te gustan las historias en las que things go bump in the night, te recomiendo Penny Dreadful. Si eres de las personas a las que les da miedo el sonido de su propia respiración por la noche, igual mejor Anatomía de Grey. Estás advertida/o.

Las mejores series para ver en versión original

Soy de esas personas que siempre procura ver las series y las películas en versión original. No soporto los doblajes, por mucho que digan que están muy bien hechos y que España es el país de Europa donde mejor se dobla. No me gusta que las palabras no coincidan con los gestos de los labios; creo que se pierde un montón de información cuando se dobla, por no decir que nos perdemos una buena parte de la actuación del actor/actriz; no me es verosímil que gente que vive, por ejemplo, en Nueva York, hable castellano; y, si conozco la voz original del actor o actriz, ningún doblaje podrá igualarla. Aparte de todo esto, ver la televisión en inglés es una de las mejores maneras que conozco para no perder oído, que bastante estoy perdiendo ya desde que volví de Estados Unidos. Me mantiene alerta, me recuerda expresiones y he aprendido más de una que no conocía.

Por supuesto, ver la tele en versión original requiere cierto nivel de inglés, pero no tanto como algunos piensan. Hoy en día, con la TDT, las teles inteligentes, los paquetes de serie, etc., es más fácil que nunca poder cambiar el sonido a versión original, y de verdad os digo que la mejora en la comprensión se multiplica por mil si lo coges por costumbre. No digo que os lancéis sin paracaídas. Cualquier serie no vale para empezar a ver la tele sin la muleta que supone el doblaje, y tampoco os digo que lo veáis sin subtítulos. No hay nada malo en usar subtítulos, siempre que puedas comprender algo de lo que están diciendo en la pantalla, lo suficiente para no perderte. Si dependes exclusivamente de los subtítulos, no vas a aprender el idioma. Algunas series son más fáciles de comprender que otras, y aquí va una pequeña lista que espero que os sirva de ayuda a la hora de elegirlas.


  • Una de mis series favoritas, por la trama y por el idioma, es Perdidos (Lost). Ya sé que esta serie es una cuestión de amor u odio, no hay término medio, pero si consigues engancharte (o ya lo estuviste), es una serie genial para ver en inglés. Hablan muy claro, vocalizan muy bien (menos Sawyer cuando murmura, a quien no entiendo nada) y tiene un montón de acentos que te ayudarán a ver cuál entiendes mejor (yo sigo diciendo que el americano es mucho más fácil que el británico; en esta serie tienes los dos, más australiano, más uno que se hace pasar por iraquí aunque el actor es británico). Cuando vocaliza y pronuncia bien, Sawyer tiene un lenguaje muy colorido, lleno de frases hechas típicamente americanas, y los diálogos más divertidos de toda la serie. No te agobies si no pillas el humor al principio, es lo más difícil de conseguir en un idioma nuevo. 

  • En general, las sitcom (comedias de situación que duran más o menos media hora) son más fáciles de entender que las series más largas. Una de ellas es The Big Bang Theory, que, de nuevo, es para gustos, pero también pronuncian muy bien y es fácil de seguir. Y, al ser más corta, el esfuerzo será menor. 

  • Mom es otra serie donde pronuncian bien y vocalizan mucho. El objetivo es hacer reír, y si no te entienden poca leche vas a conseguir. Dejé de seguirla porque me perdí varios capítulos y me daba pereza volver a encontrar mi sitio, pero la verdad es que es muy entretenida y tiene situaciones muy divertidas que se entienden bien. No te hace falta tener mucho conocimiento de la cultura americana para entenderla. 

  • Community, sin embargo, es una serie para la que quizás sí necesites saber algo más sobre la cultura americana. Es una serie algo más difícil que las anteriores a nivel de lenguaje, pero otra que se entiende bien. De nuevo, para gustos, es muy ridícula a veces y un poco surrealista, pero entretenida. 
De las series que he visto últimamente, solo recomiendo estas porque creo que son adecuadas para alguien con un nivel intermedio de inglés. Anatomía de Grey es muy entretenida, pero a mí me cuesta seguirla a veces, lo mismo que The West Wing, o los mismísimos Will and Grace, que hablan tan rápido que ni con subtítulos. ¿Alguien ha visto alguna de las que menciono? ¿Estáis de acuerdo? Ante todo, aseguraos de que os gusta lo que estáis viendo, porque por mucho que os diga que la serie es buenísima para aprender idiomas, como no os guste vais dados (y dadas). 

"Perdidos", o maneras de pasar el tiempo en verano.




Me encanta la serie “Perdidos”, no lo voy a negar. Aunque me enganché tarde y vi las primeras cinco temporadas en un verano, soy de las frikis que se levantaron a las seis de la mañana para ver el último capítulo en la tele y evitar que alguien me lo fastidiara con un “spoiler”. Me gusta tanto que, aprovechando que en verano la temporada de series hace un parón, la estoy viendo de nuevo. Es la tercera vez que la veo. ¿Os he dicho que me gusta? Menos mal que solo son seis temporadas. 
Eso sí, una cosa es que me guste y otra que no sea crítica con ella. Creo que es una de las series que más gazapos tiene, y no me refiero ya a la historia en sí (que también), sino a la credibilidad de los hechos. Ojo, no estoy hablando del humo negro, o mover la isla, o los viajes temporales; esos son elementos de ciencia ficción que una acepta cuando ve una serie de este pelo. Me refiero al hecho de que cojan un palo de una hoguera y tengan una estupenda tea con la que ir por la selva así sin más, o que consigan quemar un cadáver humano hasta convertirlo en cenizas en una hoguera que no da ni para calentarse las manos, ¡y en menos de cinco minutos!, o que alguien se pasee descalzo por la selva durante días y sea capaz de seguir el ritmo de los demás sin quejarse. Llamadme picajosa, pero eso me pone más nerviosa que el hecho de que un tío esté encerrado bajo una escotilla metiendo números en un ordenador para salvar al mundo. Soy así. 
Lo que más nerviosa me pone a mí de las series o películas que hablan de náufragos en islas desiertas es lo fácil que parece sobrevivir ante los elementos. De vez en cuando me da por imaginarme cómo sería mi vida en la isla, mientras veo a Sawyer campar a sus anchas por la jungla sin camisa ni zapatos y con un ligero bronceado que en ningún momento se ha puesto rojo a pesar de que se pasan el día al sol y no tienen crema de protección solar. ¿Cómo me las apañaría yo? Mal, muy mal. Desde la primera escena en la que Jack abre un ojo y se encuentra en la selva, yo tendría problemas. ¡Mis lentillas! ¡Qué iba a hacer yo con mis lentillas! En caso de que no saltaran con el golpe o se me quedaran incrustadas en el ojo, la primera vez que me las quitara ya no iba a poder volver a ponérmelas, ¡y soy muy miope! Llevar gafas no iba a arreglar nada, porque seguro que con el accidente se me rompen y lo mismo se me clavan, o algo. Sumado a que tengo una orientación penosa, como para moverme por la jungla. Un desastre, vaya. 
Luego está el pequeño detalle de la higiene personal. Perdónenme los hombres por mencionar este detalle, pero ¿es que las mujeres de la isla no tienen la regla? ¿Hasta eso cura el poder misterioso del magnetismo dichoso en la isla? Que sí, que ya sé que tienen las maletas, pero cuarenta y tantos supervivientes, pongamos que la mitad de ellos mujeres, tres meses en la isla… Mucha compresa me parece para tan poca maleta. Vamos, digo yo. Por no hablar de lo monísimas que están todas y lo buena que debe ser el agua salada para lavarse el pelo y la ropa. Vale, ya sé que encontraron agua dulce, pero ¿y el champú? ¿Y el detergente para lavar la ropa? Voy a decir más: ¿y la plancha? Porque anda que no van todos cucos, con unas camisas impecables sin manchas de sudor ni nada (no me mencionéis la escotilla; antes de encontrarla, iban todos que parecían salidos de un pase de modelos, con el tono justo de bronceado incluido).  Y, sobre todo: ¿y la cuchilla para depilarse las piernas? Porque no me creo que todas las supervivientes se hayan “hecho el láser”, y no hay otra explicación para esas piernas tan hermosas que lucen todas. Y ya no voy a entrar en el tema del bebé que, oye, tiene una manta de niño siempre limpia encima (¿también la encontraron en las maletas?) y nunca le faltan pañales limpios que llevarse al trasero. Me imagino yo a un bebé en una isla desierta de verdad. Se me cae el alma.
Vamos, que ya sé que es una serie de televisión y que ellas y ellos están ahí para lucir tipo, pero seamos serios: cualquier serie de ciencia ficción tiene que tener un ancla en el suelo, algo que suene a verdad. Me imagino a mí misma en la isla, sucia, desorientada, medio ciega, con la piel achicharrada por el sol y la ropa deshecha y llena de manchas, buscando frutas bajo los árboles y con una cagalera del quince porque no hago más que comer fruta (eso sí se mencionó, y me hizo mucha gracia), o tratando de pescar y cayéndome al mar, seguro. Comparado con eso, lo del humo negro no deja de ser una tontería sin importancia. ¿Que 4, 8, 15, 16, 23, 42 o revienta la isla? Pues vale. Pero a mí que alguien me cace un jabalí y me lo guise bien guisado, que con mis anemias voy a necesitar carne de verdad desde el minuto cero. 

De trabajos ideales y porque soñar es gratis

Con eso de los recortes y lo de que cuando veas las barbas de tu vecino cortar (nunca mejor dicho) pongas las tuyas a remojar, y a pesar de que -en teoría- tengo el trabajo asegurado para el resto de mi vida, estos días me he puesto a pensar en qué me gustaría ser si por cualquier cosa no pudiera ser profesora. Y, ya puestos a pedir, me he puesto a pensar en qué línea de trabajo de esos que se gana un porrón y medio me gustaría especializarme.


Por ejemplo, podría ser abogada. Pero no de esas de oficio ni de las que defienden a las aseguradoras de coches, sino una de esas que gana una pasta gansa, como los de Suits, que me puse a ver la serie porque salía Zöe Washburne, digooooo, Gina Torres, y resulta que ahora quiero ser parte del mundillo de los abogados de alta gama. No sé si será porque todos los abogados están buenos, porque la jefa mola un huevo (para eso era la segunda de a bordo de Serenity, no te jode) o porque hablan de fianzas de millones de dólares y se apuestan diez mil dólares a ver quién se come antes un perrito caliente con la misma facilidad que yo apuesto media pela en situaciones arriesgadas. Pero luego me he puesto a pensar que qué pereza, empezar una carrera de cero (y tendría que ser en Harvard, que no vas a hacerla por la UNED si tienes intención de ganar millones, con el frío que hace por allí, quita, quita), y qué coñazo, lo de "protesto, señoría", todo el rato buscando antecedentes, con tacón y minifalda y quitándote a los moscones de encima... No sé, no termina de convencerme, aunque tengo que reconocer que el pisito de Harvey mola mazo.


Si no quiero volver a la universidad a empezar de cero, siempre puedo subir un peldaño en lo mío. Por ejemplo, meterme consultora, como Don Cheadle y mi queridísima Kristen Bell en House of Lies. La rama iba a ser distinta, porque trabajaría en educación (haberlos haylos, los he visto, existen, "consultan" en colegios para intentar mejorar los resultados de los chavales) y, aunque no es lo mismo, también ganan una pasta queloséyo. Pero luego me he acordado de cómo odiábamos a los nuestros en King City y de cómo los poníamos a parir por la espalda, y qué queréis que os diga, yo quiero un trabajo donde al menos una parte no me odie. Así que fuera, consultora tampoco.

¿Y escritora? Algunos escritores son millonarios, ¿no? Mira Castle, o mejor, mira a los escritores invitados que han llevado a Castle. Porrochocientos millones gana el Patterson, creo que se llama, o puede que me esté confundiendo. Dejémoslo en King. J.K. Rowling. Qué coño, me conformo con ser Elizabeth George, que millonaria no sé si será pero lleva casi treinta años en esto, así que mal no le irá. Y esa era profesora antes de ser escritora. Pero me da a mí que convertirme en un King o en una Rowling iba a ser casi más difícil que colarse en Harvard a los treinta y seis y conseguir trabajo en una firma de alcurnia.

Siempre puedo seguir con filología inglesa, que ya la tengo casi hecha, y hacer algún máster en adquisición de lenguas, o un doctorado, o un postgrado. Eso te tiene que hacer millonaria fijo, como a ese que... Cómo se llama... El que salía en aquella que... No, ese no era, uno que... O no, su hermano. Bueno, da igual. Que me quedo de maestra, vaya.

These are a few of my favourite things


Qué malo es escribir...

Sí, sí, digo "qué malo", no qué guay, o cómo mola. Qué malo. Porque cuando escribes remueves fantasmas, y te acuerdas de cosas, recuperas el pasado. Y eso a veces es bueno y otras es malo. En esta ocasión... Bueno, no es que sea malo, es que me hace perder el tiempo de forma escandalosa. Menos mal que tengo tiempo de sobra para perder. Menos mal que estoy de vacaciones.

A cuenta del pasado post y del comentario de Fernando, he recordado cuál era mi serie favorita de todos los tiempos y estos días la he retomado. Sí, como habréis imaginado, con el gran caso que se le hizo en España (cambiándola de horario cada dos por tres, cancelándola, saltándose capítulos) no me quedó más remedio que pillármela donde todos sabéis y guardarla a buen recaudo después de verla. Me alegro de no haberme desecho de ella, porque así he tenido la oportunidad de recuperarla.
Y viendo de nuevo los capítulos de Veronica Mars recuerdo el inmenso deseo que me entró en su momento de convertirme en detective privado, aun sabiendo perfectamente que todo lo que emitían era ficción, que la vida del detective es de un aburrimiento olímpico, que ni soy tan mona ni tengo tanta jeta como Veronica. He recordado cómo encontré en internet una diplomatura -vale, creo que era algo entre universitario y FP- para detective a la que me faltó un pelo para apuntarme, y de hecho lo único que me contuvo fue la tarde a la semana que tenía que ir a Donostia a las clases presenciales. Maldito trabajo, maldita hipoteca, maldita necesidad de comer...

Pero no me rindo. Si no puedo ser detective privado (que, ojo, siempre puedo mudarme a Donostia, o esperar a que las clases cambien a los sábados por la mañana), escribiré sobre una. Y tampoco será detective como tal, sino una aficionada que trata de buscar respuestas. Como lo pueda ser yo. Me toca investigar, imaginar posibles escenarios, encontrar respuestas. Todo ficticio, o quizás no; quizás busque algún enigma casero (¿quién robó la caja del bar de abajo?, ¿a dónde va el hijo del panadero todos los días a las siete de la tarde?) y pase mis días de asueto correteando por Vitoria y alrededores con gafas de sol y una cámara con teleobjetivo. Ya me estoy viendo, con mi termo de café caliente en mi Ford Fiesta, observando a la mujer del vecino del quinto mientras se depila las cejas para ir en busca de... ¿su amante?, ¿su corredor de apuestas? ¡No! Su hijo en la guardería.

Me emociono. Me pierdo. Tengo demasiado tiempo libre, lo que significa que me veo una media de tres capítulos de Veronica Mars al día. Me encanta. Tenían que hacerse más series como esa, más personajes como Veronica. Ella sí que es un buen modelo juvenil; déjate de tanto maquillaje y tanto "este pantalón me hace el culo gordo" y preocúpate por los demás, échales una mano y averigua quién ha puesto alcohol en el ponche de graduación. Todo muy light, muy casero, pero por eso mismo mucho más creíble que una ancianita escritora que encuentra muertos allá por donde va.

Os dejo. Veronica me espera. Creo que hoy me toca ver el capítulo en el que se lía con Logan, te lo juro. El mejor primer beso de la televisión ever.